En el mar, a veces, también se rema contra el miedo, contra la fragilidad y contra las huellas que deja una enfermedad. Eso es parte del trabajo que hace un tiempo viene realizando la Fundación Olas de Esperanza en Coquimbo, una agrupación de mujeres sobrevivientes de cáncer de mama que han encontrado en el canotaje no solo un deporte, sino también una forma de rehabilitación, contención y fuerza compartida.
Hasta uno de sus entrenamientos llegaron la Seremi de Salud, Karen Irribarra, y el Seremi de Gobierno, Darwin Cortés, quienes
acompañaron a la agrupación en una jornada pensada para visibilizar la labor que realizan y el impacto que esta práctica tiene en la recuperación de sus integrantes.
Es que la misión de Olas de Esperanza cobra aún más sentido al mirar las cifras. Solo en 2024, 84 mujeres fallecieron en la Región de Coquimbo a causa del cáncer de mama, mientras que a nivel nacional se registraron más de 5.600 nuevos casos y 1.775 fallecimientos asociados a esta enfermedad en 2022. En ese escenario, la detección temprana y los procesos de rehabilitación adquieren un valor enorme.
Tras la actividad, el Seremi de Gobierno, Darwin Cortés, valoró la instancia y destacó la importancia de estar cerca de organizaciones que generan un efecto concreto en la vida de las personas.
“Estamos muy contentos de participar esta mañana aquí en Coquimbo junto a esta agrupación de mujeres, siguiendo el mandato del Presidente José Antonio Kast y también de nuestro Delegado Presidencial Víctor Pino, de estar en terreno, de acompañar a nuestras organizaciones y de apoyar el trabajo que realizan. Ha sido una experiencia muy valiosa, también desde el deporte, y nuestro compromiso es seguir cerca de ellas y respaldar iniciativas que aportan al desarrollo y a una mejor calidad de
vida”, señaló.
Por su parte, la Seremi de Salud, Karen Irribarra, puso el acento en el valor integral de esta experiencia. “Esta es una invitación muy hermosa de Olas de Esperanza, porque aquí se rehabilita no solo el cuerpo, también el alma. La reconstrucción mamaria y esta actividad física reúnen lo mejor de los dos mundos, permitiendo una recuperación más completa, más saludable y con mayor
bienestar. Es una gran iniciativa, que invitamos a conocer y apoyar”, indicó.
Detrás de cada entrenamiento hay historias personales, procesos difíciles y también una nueva forma de volver a encontrarse con el propio cuerpo. Así lo explicó Katrina Justiniano, presidenta de la fundación, quien relató cómo llegó a la agrupación a pocos meses de su creación en Coquimbo. “Me invitó una compañera con la que hacíamos pilates y además habíamos tenido cáncer de mama. Ha sido un proceso muy bonito. Aprender a remar, trabajar en equipo, encontrar contención, apoyo, amistad, fuerza. Además, la conexión con el mar es maravillosa”, contó.
Pero el valor de esta experiencia no se queda solo en lo emocional… También tiene efectos concretos en la salud física de quienes han debido enfrentar cirugías, tratamientos y secuelas posteriores al cáncer.
“Cuando a una la operan, muchas veces el brazo queda con menor movilidad, y remar ayuda mucho a rehabilitarlo. También
evita el linfedema, que es una de las consecuencias que pueden aparecer después de la cirugía o la quimioterapia. Nos ayuda a
fortalecernos y a prevenir complicaciones, y eso para nosotras es muy importante”, agregó la dirigenta.
La jornada permitió mostrar de manera concreta cómo el deporte, el trabajo colectivo y el vínculo con el entorno pueden abrir espacios de recuperación y bienestar para mujeres que han atravesado procesos complejos. Más que una práctica recreativa, en Olas de Esperanza el canotaje se ha convertido en una forma de sanar, acompañarse y volver a avanzar.
