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Ricardo Vitaly Ledezma, pescador, marino mercante y emprendedor: “En mi ADN está la Caleta de Pescadores de Coquimbo”

En una extensa conversación con Región de Coquimbo.cl Ricardo Vitaly abrió el libro de su vida. Capítulos de una historia marcada por el esfuerzo desde pequeño, en que ha conocido las dos caras de la moneda, pero en que el optimismo y pensamiento positivo siempre están presentes en este dirigente y músico. Un diálogo marcado por la sinceridad en que también expresó que todos los sueños se pueden cumplir y que es posible ponerse de pie frente a la adversidad.

¿Cómo podríamos definir a Ricardo Vitaly Ledezma?

“Principalmente una gran persona en el sentido común de la gente. No soy una persona rencorosa, aun recibiendo golpe, puedo recibir 10, pero, tarde actúo, pero no con la prepotencia misma. Una persona amigo de los amigos, muy emocionalmente sentimental con el prójimo, aún sobre todo cuando hay problemas en la familia, ya sean laborales, económicos, en ese sentido soy bien emocional. Empatizo siempre con la persona que está pasando por un mal momento. Si bien es cierto, no tengo herramientas económicas para, tal vez, darle un empujoncito, pero sí le doy ideas, que hoy en día hay como 6 personas que conozco que estuvieron en esa etapa y le di recomendaciones, y esas personas son mucho más pujantes que yo, son casi empresarios, habiéndole dado esas tremendas ideas, y algunos son emprendedores.”

 Ricardo, ¿su familia hoy en día quién la compone?

Bueno, hoy en día estamos con mi esposa y la más chica, porque mis dos hijas mayores ya agarraron alas.

 ¿Cómo conoció a su esposa?

“Bueno, la conocí el año 98 o 99, vecina mía, y bueno, en esos tiempos yo cantaba en un grupo musical, porque siempre he sido artista también. Hasta el día de hoy. Volví después de un tiempo que dejé todo de lado, por temas políticos, y por haberme ido al extranjero, pero lo hago como hobby, no por un tema económico. Y es mi compañera, que hasta el día de hoy ya cumplimos 24 años.”

 ¿Cómo fue su infancia?

“Tuve una infancia donde tuve muchos papás, porque a pesar que tengo a mi padrastro, que fue quien siempre estuvo a nuestro lado, hasta el día de hoy, pero fui repartido, o sea, desde que mis padres se separaron, mi mamá trabajaba joven, con tres hijos, y mi abuela se hizo cargo de nosotros. Entonces teníamos los hermanos de mi madre, Me crie en un ambiente pensando que eran mis hermanos, pero en realidad eran mis tíos. A ninguno les digo tío, le digo por su nombre, incluso a mi tía, le digo por su nombre. Y bueno, fui creciendo con apoyo de ellos, de mis tíos, gracias a Dios, de mi tío Oscar, de mi tío Raúl, de todos un poco. Entonces fueron mis padres dentro de toda mi etapa de crecimiento, incluyendo a mi padrino. Obviamente tengo la sombra como padre hoy en día en mi padrastro, que está desde pequeño con nosotros. Él es la pareja de mi madre hasta el día de hoy y él fue la sombra de nosotros como papá, de hecho, el hermano mayor que hoy en día tengo, está pasando por un cáncer complicadísimo, tuvo una etapa de vida terrible. Cayó a la droga entre los 14, 15 años y estuvo en la calle, logró rehabilitarse por sí solo, tuvo 10 años de tratamiento y gracias a Dios hoy en día lo tenemos con nosotros. Logró ganarle a la droga, pero hoy en día está con un cáncer y le estamos pasando un poquito mal en ese sentido. Pero como les digo, mis padres fueron todos mis tíos, incluyendo a mi padrastro, a quien lo quiero bastante. Y respecto a mi papá verdadero, yo tengo contacto con él, obviamente lo trato como padre, no soy rencoroso, no tengo nada contra él, al contrario, él jamás tampoco me ha hablado de temas del pasado. Sé que también hay un cierto sentimiento por parte de él y eso logró que también nos acercáramos ambos, después de muchos años. También logré conocer al hijo que tiene por parte de él, que para nosotros es un hermano más. Entonces mi infancia fue de muchas distintas familias y también trabajando. Limpiaba autos aquí en la plaza, venía a recolectar fierros aquí en el borde costero para vender fierros cuando era niño chico. Llegué a los 8 años aquí a la Caleta de Coquimbo. De hecho, mis tíos trabajaban aquí, no habían puestos de pescado, eran cajones, eran fileteadores de los que compraban pescado acá. Aprendí a filetear pescado y en ese tiempo como no había agua potable, ellos lavaban el pescado con agua salada. Entonces cuando el mar bajaba en verano, nadie podía tirar tarro para sacar agua. En ese momento me metía y sacaba tarritos con agua, luego vendía en esos años a un peso. Me acuerdo que los últimos tarros que vendí los vendía a 10 pesos. Era difícil obtener recursos en esos años.”

¿Unos de los momentos más complicados fue asumir la partida de su abuelita’

“Tenía 21 años, ya estaba mayor de edad. Ella también fue una mamá para mí, a pesar que mi madre trabajaba, sabiendo que tenía a mi mamá y también la veía, pero mi abuela era la que estaba obviamente más presente por el hecho solamente de haberse hecho cargo de nosotros, Me acuerdo que ella recibía una jubilación de 8 mil pesos en esos años, y me sacaba la ropa, el pantalón del colegio, el chaleco del colegio y los zapatos en Royle, en el centro de Coquimbo. Si, y la sacaba en 24 cuotas imagínese. Hoy en da uno hace recuerdos de eso y era muy fuerte. Asimismo, mi papá vendía dulces de La Ligua, mi papá verdadero. Con los años después supe que era mi padre.”

Ahora, ¿cómo se produjo su llegada a la Caleta de Coquimbo?

“Cuando cumplí los 8 años y posteriormente 9, 10,11,12, etc. junto con mis primos hacíamos una actividad todos los veranos y esa actividad fue sacar lama, la que vendíamos a las $10 el kilo. Me recuerdo que en la caleta había una cooperativa y la gente vivía en unos rucos. Parte de esa gente eran mi tío Alfredo y mi tía Irma que también vivía en esos rucos. Mis hermanos iban de vez en cuando, pero yo iba más seguido. Me recuerdo que un día aprendiendo a nadar, me encanta ver los botes, de hecho, me tiraba piqueros desde los botes, lo que provocaba que algunos pescadores se enojaran y terminaran corriéndonos. Una vez me regalaron una cámara de neumático, la inflamos con mis primos y nos fuimos hasta llegar a los barcos gigantes. Fue una experiencia única. Veía a los marineros arriba en la cubierta. provocando en mí la cercanía con el mar y con el puerto. Entonces, cuando… un día sentado mi primo Richard me pregunta ¿Qué te gustaría hacer? Y yo le dije, me gustaría ser pescador para subirme a esos barcos grandes. Después que salí de octavo básico a los 13 años, ingresé al Liceo Industrial a los 14 para poder estudiar técnico pesquero, ya que por nuestra condición económica era difícil ir a la Universidad, así que estudie una carrera técnica. No quería el Insuco porque no me gustaba venta, contabilidad, tampoco mecánica, me gustaba la pesca. Me fui a estudiar al Liceo Industrial y en tercero medio uno elige especialidad. Pero en segundo medio me vi interrumpido porque mi hermano cayó en la droga, cayó en una depresión. Eso provocó que mi abuela no quería que el Jaime o yo cayéramos en lo mismo. Entonces hubo un tío mío que se llama Lucho, que trabaja aquí hasta el día de hoy, se hizo cargo del Jaime. Entonces mi tío Oscar, que es profesor en filosofía, trabajaba en Combarbalá, se hizo cargo de mí. Ahí me retiraron del liceo, con mucho dolor, con mucha pena. Yo tenía 15 años y me llevaron a Combarbalá donde saqué el segundo medio y todo producto de mi hermano. Después de haberme alejado un año de mi hermano, me retornaron para volver al Liceo Industrial. Ya estaba un poquito más grande. Y para poder ingresar al Liceo tuve que dar un examen, siendo que ya había dado uno para ingresar a primero medio. Lo rendí para quedarme en la especialidad de pesquería. Y dentro de todo eso, yo tenía un tío familiar por parte, casado con una de mis tías, hermana de mi mamá. Mi tío era marino mercante y tripulante de naves especiales, de pesca. Entonces él era muy conocido aquí en Coquimbo, mi tío Gilo. Me embarcó incluso en la pesquera San José como práctico. Así cuando empecé la especialidad, ya sabía los nombres de los peces, las artes de pesca. Sin haberla estudiado, me la sabía por los propios pescadores. Entonces estaba muy avanzado en el liceo.”

¿Qué momento recuerda de su paso por el Liceo Industrial?

“Cuando convocamos para una marcha masiva producto que no llegaron los recursos al Liceo Industrial, logramos esa reunión y pudimos pedirle y pudimos pedirle al intendente, Renán Fuente Alba. Me acuerdo que él se asomó en el balcón de la Intendencia y dijo: ¿Quién lidera esto? Entonces todos se hicieron como para un lado y yo como era el chiquitito, uno me pasa una carta por detrás, levanté las manos y me dijo: te recibo a ti, pero con una condición, nos vamos a reunir el próximo lunes en el mismo Liceo Industrial, pero me sacan todos esos neumáticos quemados y se van todos ustedes. Nos fuimos, hasta que se logró eso y el Liceo Industrial le llegaron los recursos.”

¿Cómo se inició su vida como dirigente?

“Tras la exitosa marcha del Liceo Industrial, llegué a trabajar en la empresa Proteu y ahí se empezó a conformar una especie de sindicato, ya que teníamos que tener personalidad jurídica, un montón de cosas, entonces participé en esa mesa. Al tercer año tuve un accidente, me ahogué, trabajando como capataz de barco, perdí conocimiento obviamente y me rescataron.”

¿Cómo pasó ese accidente?

“En ese momento trabajaba con puras mujeres, había un temporal y no usábamos chalecos salvavidas. Usábamos trajes de agua y botas. Entonces había que amarrar los ostiones porque los ostiones se ahogan sin agua, entonces había que colgarlos. Me encargué de colgarlos y en esa me resbalé.  Manuel Ramírez y Nelson Gómez soltaron un bote que estaba amarrado y ellos fueron los que me agarraron a media agua. Gracias a él yo estoy con vida en parte y Manuel Ramírez, que era el niño que iba con los remos. Me logró sacar y justo venía una lancha de pescadores y los pescadores me subieron arriba y me llevaron a la orilla y esos 20 minutos fue crucial, con agua a los pulmones. En tierra, Pedro Alcayaga, un niño que es salvavidas, me hizo masaje cardíaco y me logró sacar el agua a los pulmones y llegó la mutual por la ambulancia. Al tercer día desperté hinchado. Fue como una vuelta a la vida”.

¿y que paso después?

“Me dieron como tres meses de licencia. El gerente general no quería que llegara a trabajar de capataz. Cuando yo llegué el gerente me tenía otro trabajo. Mejor pagado. En ese tiempo ya tenía matrículas de título como ayudante pescador artesanal, pescador artesanal y patrón. ¿Por qué? Porque mi sueño era ser capitán de barco. Volví y me dan un cargo en una lancha nueva que llegó de vigilancia por turno. Después de un año renuncié y me fui al norte, a Tocopilla, a uno de los hijos mayores de mi abuela, que lo conocía, el Tío Olin. Él era capitán de remolcador. Allá en Tocopilla lo conocen como el viejo lobo hasta el día de hoy, siendo uno de los marineros más reconocidos. Entonces me quedé casi un año ahí en Tocopilla adquiriendo experiencia. Regresé y postulé a la Pesquera San José contratándome como capitán de una embarcación en Tongoy, la cual tenía 11 metros de eslora, con cabina y con radio. Trabajé tres años, hasta que se me ocurrió armar un sindicato. Para la gerencia que se creara un nuevo sindicato con 200 personas no era bueno por las negociaciones. Entonces, el gerente general reunió a sus colectividades dirigentes (sindicato 1,2 y 3) Y le dijo que en Tongoy estaban armándose, así que los actuales sindicatos vayan e inscriban a esa gente para no hagan otro sindicato. Ahí conocí por primera vez a Pascual Aguilera con todos sus dirigentes. No aceptamos la propuesta de Pascual Aguilera, nos asesoramos por la CUT para formar lo propio y cuando nos estábamos armando me llamó el gerente general y me dice, Ricardo, tienes que irte a Coquimbo porque te van a cancelar, a ti y a los cabecillas. Después me tuve que reinventar, el año 98, por tres meses me fui a la isla Juan Fernández en el “Kung-Fu”, a 200 millas, a usar el título de tripulante. Ya en ese tiempo, después de haber sido patrón de nave menor, seguí sacando títulos. Y me convertí en tripulante general de cubierta de nave especial. Lo aprobé con un 6,6. Me embarqué, pero mi plata de la cancelación la guardé. Posteriormente, también me finiquitan una vez que regresamos de Juan Fernández y mi tío que trabaja al lado me dijo Ricardo se formalizó el sindicato de al lado (Los Delfines) y hay espacios que ellos están incluyendo cualquiera de acá, pero tienen que pagar un monto. Llegué y hablé con los dirigentes acá en ese tiempo y me dijeron encantado tú te haces socio de nosotros, pagas la incorporación y tenemos dos sitios. Claro en esos años no había mucha ambición, mucho interés de otras personas porque trabajaban en otras cosas, quién quería trabajar aquí con las gaviotas, con los animalitos en la calle, los gatos porque esto era todo, lo único que estaba en el armadito era el sindicato de al lado porque habían recibido un aporte del alcalde en ese tiempo, Morales Adriazola, él fue el impulsor del terminal pesquero de al lado, el sindicato de al lado, él lo apoyó, después obviamente hubieron otro alcalde y fueron mejorando sus condiciones de trabajo. Posteriormente me metí en este sindicato y fui uno de los primeros que armamos en concreto claro, cualquiera decía este tiene plata, pero todo provenía de mis años trabajados.  Después a mi tío lo jubilan en la Pesquera San José porque quiebra la empresa y él también como había ganado su buena lucas también invierte conmigo y empezamos a trabajar los dos. En el año 2000 me convierto en dirigente y fui dirigente en cuatro periodos hasta con el 2012. Le recuerdo que también y tengo mi credencial que fue socio del Sindicado de Trabajadores Independientes, por lo tanto, llevo a la caleta en mi sangre y cuando se pide algo, se pide en nombre de todos.”

A todo esto. ¿Qué paso con su sueño de navegar por el mundo?

“El año 2006 saco la matrícula de tripulante marina mercante y me entró a fin de año la idea de poder navegar en barco mercante, cumplir mi sueño. Conocí a unos amigos que estaban navegándolo en extranjero y les dije yo tengo esta matrícula, pero no tengo la de marina mercante y di el examen de marina mercante, lo aprobé con la máxima anotación. Entonces, conversé con mi pareja, anuncié al sindicato que iba a tomar una lejanía, que iba a probar rumbo y que lo más probable iba a renunciar. Y antes que renunciara al cargo, lo conversé obviamente con mis padres, con los dirigentes y que era una posibilidad alternativa porque no había nada escrito. Hasta que el año 2007 me sale la oportunidad para irme a Nápoles, a Italia. Pero para poder embarcar e inscribirse había que ir a la compañía, no era por teléfono ni por fax, porque en ese tiempo no existían los correos como hoy en día. Entonces uno mandaba el fax, pero había que ir a hacerse presente a la compañía. Fue duro para mí haber tomado esa decisión y ahí fue donde tomé la decisión y le dije a los dirigentes me voy. Al final me fui, renuncié, pero se mantuvo el directorio y cumplió hasta que llegaron las elecciones. En el 2007 me embarqué me embarqué en Valencia, en España con destino a Nápoles. Llevé mis títulos, técnico pesquero, la experiencia de pescador, ayudante pescador, patrón de naves menores, tripulante de naves especiales y tripulante marina mercante. Y a la vez, en ese tiempo salieron los cursos OMI, que son de la Organización Marítima Internacional, que es un acuerdo internacional para marineros mercantes y eso te da la garantía de embarcar en cualquier parte del mundo. Era como requisito, entonces yo hice ese requisito, lo logré y me fui. Y cuando llegué a la ciudad de Nápoles había más de 25 personas esperando en la casa de la mama, una italiana napolitana que recibía a los chilenos para embarcarlo en distintas compañías y había más de 25 personas y había una lista y todos respetaban esa lista. Entonces si yo era el número 26, o sea, yo tengo que esperar que embarquen todo esto para embarcar y no, no era así, sino que tú te anotabas porque era el último en llegar. Todos iban con los cursos, pero no tenían los títulos que tenían. Me presenté en la compañía, presenté todos los títulos y al tercer día que llegué a Nápoles me fui a buscar trabajo, encontrándolo en una pizzería, logré trabajar la pizzería Bessi, que hoy en día tiene una cadena como de 12 pizzerías en Nápoles, muy famosa. Ha ganado el número uno en la mejor pizza italiana en Nápoles. Y para mí un orgullo de haber trabajado en esa pizzería, con Nando y Enzo Limatola, que eran los administradores.  Era el único chileno de los 25 que trabajaba.”

¿Qué recuerda de esa experiencia en Italia?

“Logré embarcar en el MSC Cati, de 2500 containers. Un barco de 250 metros del Lora. Ya con un capitán napolitano que hasta el día de hoy es mi amigo, Indovino Mariano. Actualmente es gerente de una empresa naviera ahí en Nápoles. Fue una experiencia grata de amistad que establecimos. Siendo que él era el capitán, yo era un simple ejecutante. Y eso lo llevo del ADN mío. No es por caer bien, sino que uno con el desempeño demuestra responsabilidad. Y eso logra que te tengan cierto respeto y aprecio. Me embarqué y estuve casi un año navegando por el mundo. Me tocó la ruta a Europa. Ahí conocí, obviamente, pasé por Inglaterra, Bélgica, Holanda, Rotterdam, España, Portugal, Lisboa. Francia, Norte Francia, Italia, Grecia. Ahí estuve en varios puertos, Atenas, Turquía, Estambul, el Líbano, en Beirú. Buena experiencia. Hasta que después yo me vine para acá. Logré adquirir otro local comercial, porque ya tenía dinero. Un locatario se había ido y había dejado su local a disposición. Así logramos convertir que mi señora administrara los negocios.”

Regresando al tema de la caleta de Pescadores, ¿Hay temas que lo han marcado como dirigente y como hombre de mar?

“El 2015 acá sucedieron dos hechos terribles. El primero Fue a nivel nacional porque, o sea, nunca había pasado algo así catastrófico, digámoslo, en el país después del terremoto que hubo en Santiago y en otros lugares más. Pero aquí en Coquimbo no había pasado algo de esa magnitud y el incendio de aquí del terminal pesquero fue con notación porque tuve hasta contacto con alcaldes de otras localidades que mandaron herramientas de apoyo para acá en ese tiempo. Entonces, mis colegas allá fueron como 25 que se incendiaron. Entonces, siendo que yo no estaba afectado acá, empaticé con ellos y estuve a la cabeza de ellos, era alcalde Cristian Galleguillo, él es testigo de toda la gestión que hice como persona y en esos años para la política ponerse al lado de un buen dirigente, pero ese es un tema que más adelante hablaremos.  Me recuerdo que conseguimos a los Vikings 5 para que viniera a inaugurar, fue noticioso a nivel nacional, reabre el mercado del mar, el terminal pesquero de Coquimbo con sus locatarios después de un mes y medio. Esa fue mi primera experiencia en cuanto a una catástrofe entonces. Pasó el verano, llegó el mes de junio y hubo una marejada terrible aquí en la región de Coquimbo, el año 2015, recién asumido Claudio Ibáñez Intendente todos estos pasajes de historia con todos estos nombres que le estoy dando, todos le van a decir que fue así, hay testigos y todo eso, entonces el año 2015 pasa esta catástrofe con mis colegas, llega el temporal, las marejadas y eso provocó que, desde Peñuelas a Tongoy, las lanchas se vararan, se perdieran motores. Incluso cuando yo llegué del extranjero el año 2011, me compré mi propia lancha, el Vitali primero y mi Vitali primero estaba anclado aquí en la caleta de Coquimbo y también resultó destruido. Pero gracias a todas las gestiones que realizamos con la propia Presidenta Michelle Bachelet, con el ex intendente Ibáñez y con el Seremi de Economía recuperamos las embarcaciones en un mes. Pero después vino una tragedia más grande. El fatídico 16S.”

¿Dónde estaba ese día?

“En la Pampilla, en la inauguración, con Cristian Galleguillos y los dirigentes. Cuando llega el fatídico 16S, el tsunami, ahí comprendí yo las palabras de mi abuelo. No eches los huevos en la misma canal.”

 ¿Por qué?

“Yo me había venido de la Pampilla en moto para acá, porque de acuerdo a la dimensión del temblor, yo dije aquí, tsunami. Y aparte que sonó la alerta tsunami. Ya había pasado el primer tren de ola y venía un segundo, entonces yo llegué en el segundo. El despertar fue horrible, pero yo allá a las 11 de la noche, yo empecé a llamar a todos los dirigentes. Niños, ¿ustedes dónde están? En la Pampilla. Todavía me recuerdo cuando sacamos a esos dos abuelitos de allá de la Copec y estaba el Cabo Ormazábal, que después con el tiempo lo distinguieron por haber rescatado. Yo estuve ahí en ese momento cuando sacamos a los viejitos, me metí abajo para subir a los viejitos y el Cabo Ormazábal, el carabinero, estaba arriba y él era el que lo había visto que estaban ahí y lo recibió. Imagínate todo eso. Me tocó vivir todo eso. Entonces cuando pasa el 16 es el 2015, no tan solo fueron afectados emprendedores, comerciantes, familias que fueron afectadas, fallecidos. Pero aparte de todo eso también fui afectado. Tenía mis dos restaurantes, tenía mi lancha y tenía mi camión. Todo aquí en la caleta. El camioncito lo tenía ahí en el estacionamiento cargado con bebida, con pescado, con queso, con verdura, con todo. Un camión tres cuartos, un Kia. Mi lancha la tenía en el fondeo y mis dos locales acá. Entonces independiente que esto arrasó con todo, no quedó nada, ahí comprendí cuando mi abuelo me dijo no eches los huevos en la misma canasta, o sea, como no inviertas en lo mismo. Todo es lo mismo. El camión era para el transporte de pescado y mi negocio, los dos restaurantes aquí, la lancha aquí mismo. Cuando pasó la ola, me quitó todo. Y ahí la viví personalmente. Pero, aun así, con mis lágrimas, con mi llanto, porque lloré bastante, tuve que sacar fuerzas porque aparte era dirigente, era presidente y aparte había participado en la lucha por las marejadas y aparte por el incendio.”

 ¿Ahora usted estaba en la otra cara de la moneda?

“Claro, pero también te había que estar al frente. Y fue ahí donde nos organizamos con todos los dirigentes. Fue una guerra, fue como que hubiera caído una bomba, una tristeza, un silencio, el sonido de los pájaros, el llanto de la gente, de mis socios, de los locatarios, de los emprendedores, de mis colegas pescadores, de más de 400 pescadores. Mi teléfono sonaba, sonaba, sonaba, nadie respondía porque no había, estaba en otra, estaba muy golpeado y aparte de eso al ver golpeado estaba destruido, destruido al ver mi lancha que estaba vuelta a campana, al ver mi camión que estaba allá en el Parque O’Higgins destrozado, al ver mis dos locales que no existían. Fue un golpe tremendo. Gracias a Dios yo tenía un ahorro en el banco que fue justamente de todos los años que anduve embarcado. O sea, todos esos años que yo me fui a trabajar al extranjero estaban ahí y estaba destinado, era para esto. Entonces, de ahí eso me daba un poco de tranquilidad como para poder pararme, pero mis pares, yo no sabía cómo estaban, estaban todos mal. Entonces, como era presidente, llegó prensa, llegaron autoridades y todo, había que estar al frente. Y eso me llevó a mí, con la experiencia anterior de la marejada y con el incendio, yo creo que me dio la fuerza suficiente como para poder afrontar el tema de poder liderar el del tsunami. Nos costó ponernos de pie frente a una tragedia de esta magnitud, recordando que vinieron más de 2 mil manos a limpiar a Coquimbo, pero después venia una etapa de reconstrucción. Nuestro slogan fue con tus manos construimos con tus manos nos ponemos de pie. Si usted me pregunta del gobierno recibimos una devolución de impuestos que fue mínima, pero el hecho de no ser dueños no recibimos el apoyo como debió haber sido”.

Antes de terminar, no le puede dejar de preguntar ¿Cómo se produce su acercamiento a la música?

“Bueno, si hay algo que está dentro de nuestra historia de vida, aparte del nombre de Vitaly, porque quiero dejar en claro que el nombre Vitali lo heredé desde pequeño, desde una serie de cuando a mi abuelo le decían el viejo Vitaly y a mí me decían Remy. Falleció mi abuelo y empezaron a decirme el chico Vitali por mi abuelo. Hasta el día de hoy con el Vitaly provocó que el año 2020 me cambiara el segundo nombre. De hecho, mi abuelo me decía, ese nombre te va a dar mucho. De hecho, mi pescadería que empezó el año 98 ya se llamaba Pescadería Vitaly y mi restaurante que empecé el año 2003, el primero que cumple 20 años ahora, Donde Vitaly y este se llama El Rincón de Vitaly. Mi abuelo me lo dijo en vida, ese apodo te va a dar mucho, cámbiate ese nombre de Patricio por Vitaly. Bueno, desde que era un chico yo cantaba en la esquina en el colegio. Me acuerdo en el colegio en el escenario cantaba, cuidado, cuidado, cuidado con el tiburón que atrapa la niña bonita que siempre juega. Esa fue la primera cumbia que yo cantaba. Hasta cuando tenía 17 años armamos una banda en el industrial que se llamaba “The Pistons”, una banda rockera. Y como el rock no gana platita, nosotros con Rodrigo Ponce y con los niños que estábamos ahí dijimos armemos un grupo de cumbia y empezamos y armamos el Grupo Marea. Rodrigo Ponce, el hijo de Norman Ponce. Me acuerdo. Armamos el Grupo Marea y ensayábamos en el Safari siendo menores de edad. Pero en el Safari nos dejaban ensayar hasta las 9 de la noche porque a las 10 empezaba el show. Ahí estaba el papá de Rodrigo Iter, el baterista. Con el tiempo después armamos el Grupo Fortaleza. Hasta que Robert Molina el año 2000 me pide ingresar al Grupo Jacamar en trayectoria que hoy en día cumple 30 años. Hoy en día actualmente permanezco con ellos, lo hago por hobby, por apoyar también al director, cantante Robert Molina. Y bueno volví porque después de tantos años alejado en cuanto haberme ido al extranjero de la marina mercante y haberme metido en temas políticos dejé de lado muchas cosas, mi profesión, parte de la familia que uno la deja porque ya no pasa mucho con la familia y también mis títulos que lo dejé y hoy en día estoy recuperando todo como te lo mencionaba. Y hasta el día de hoy me mantengo siendo parte de uno de los animadores del Grupo Jacamar de Coquimbo. Esa es mi trayectoria desde lo que tengo 15 años. Hoy en día tengo 50, hace 35 años comencé. Eso es la parte musical y del nombre Vitaly.”